lunes, 1 de junio de 2009

LA TETA ASUSTADA (DÍA 170)

Hola a todos los presentes, he vuelto. La verdad es que de mi vieja intención de darle a las teclas con estos dedotes todos los días, poco queda, y es que termino el día derrengado: que si teta, que si papilla de cereales, que si verduras, que si frutas, que si teta otra vez, que si mimir, que si llorar, que si jugar, que si to...
En fin, lo que no podía es dejar pasar la ocasión de escabullirme al ordenata este, ahora que papá-nasal está distraido, y tranquilizar a mamuchi, que se ve que se ha tenido que ir a trabajar a un banco, aunque yo me he asomado por la ventana y debe ser uno de otra calle, porque abajo sólo había un viejo achacoso. Y está to asustada porque me tiene que dejar al cuidado del inconsciente este, que hay que ver, no había nadie más... En desde luego...
Pero no, papa-nasal se está comportando y na más irse mamá, me ha cambiado, me ha sentado en el carrito gordo y me ha dado papillota de cereales (lo ha vuelto a conseguir, pero no tanto como mamuchi), un poco frías al final pero comestibles. Eso sí, me ha tenido que volver a vestir, que me ha puesto perdío, con el Parkinson. Porque yo no soplaba ni daba manotazos ni na de na. Hombre, yo sé comportarme en la mesa...
Después hemos cogido el coche mu grande lleno de gente (el tubús), que papá-nasal ha tenído que correr un montón pa pillarlo, y he estado ligando con una mujer grande mu fea, pero iba sólo por mis sonrisitas, así que no hemos llegado a na, y, en después, el desgraciado este me ha dejado en un sitio lleno de niños (yo el más guapo), todos llorones, todos mu grandes y, cuando me he querío dar cuenta, que no estaba. Menos mal que había dos mujeres que man paseao y mecío y cambiao (¡que vergüenzaaaa!) y man dormío.
Al rato ha llegao papá-nasal, ma recogío y ma vuelto a montar en el tubús (esta vez, ma cogío en brazos, se ve que se sentía culpable de haberme abandonao) y hemos llegao a casa, pero mamá debe seguir sentada en el taburete o el banco o lo que sea, porque tampoco estaba. Papá-nasal me ha dao un plato de verduritas y me estoy... quedando... mimí... mimío...
ZZzzzzzz..... zzzzz..... zzzz....

miércoles, 25 de febrero de 2009

LA TETA Y LA LUNA (DÍA 74)

Hala, aquí estoy de nuevo, que es que no tengo tiempo para nada: todo el santo día con los gases, con las tetas, con los lloros, que si estar penosi, que si estar simpático... Qué streess...
Mi vida actualmente está siendo muy movidita, saliendo casi todos los días, bien a casa de los señores de Ordi o a los distintos medicuchos, como ayer, bien de paseo con los papis, como el sábado y el domingo. Por cierto que este sábado pasado me monté por primera vez en un transporte público: el autobús número 4 me llevó al centro, aunque no me dejaron ir en mi lindo cochecito, sino en los brazos de mamá; no sé si me gustó o no, porque yo iba dormido, pero, oye, no deja de ser un hito a tener en cuenta.
Y ya que estamos, pisé (es un decir, claro: aún soy muy chico para pisar nada) por primera vez calle Larios. Mucho sol y pocos baches, de lo demás apenas me enteré (es lo que tiene la mimiura, que una vez que te entra cuesta mucho salirse).
¿Qué más? Pues que estos desconsiderados que me han tocado por padres han dejado de darme bibes, y me tienen sólamente a base de teta, que me estoy quedando bizco de tanto mirar pezones. Yo, claro, ante tamaño boicot, he decidido vengarme con lloriqueos, penosidades y reclamando atenciones que les impidan siestas y mimiuras profundas, aunque papá-nasal escabulle el bulto y se va a mimir al sofá, debajo de la lámpara que no me gusta. Carota...
Ya peso 5'920 kilos y mido 59 centímetros, que no sé si es mucho ni poco, pero la bañera donde estos desconsiderados me meten cada noche me aprieta ya por las costuras, y mira que les lío siempre un show de lloriqueos profundos, pero nada, no se dan por enterados y me siguen metiendo allí todos los días, cuando yo lo que quiero es ducharme, como mamá, si es posible con gorro de ducha.
¡Y si fuera eso todo...! Como les guste una ropita, me la siguen poniendo aunque me quede más apretada que las tetas de mamá después de cinco horas sin darme de comer. Y encima, ¡mamá se ríe! Claro que, para vengarme, después le araño, que tiene el escote que parece un mapa de carreteras. Pues que me trate con consideración, ome ya...
Bueno, pues me voy, que me cuesta mucho darle a las teclas con estos dedorros. ¡Qué rollo ser chico, a ver si crezco...!