miércoles, 25 de febrero de 2009

LA TETA Y LA LUNA (DÍA 74)

Hala, aquí estoy de nuevo, que es que no tengo tiempo para nada: todo el santo día con los gases, con las tetas, con los lloros, que si estar penosi, que si estar simpático... Qué streess...
Mi vida actualmente está siendo muy movidita, saliendo casi todos los días, bien a casa de los señores de Ordi o a los distintos medicuchos, como ayer, bien de paseo con los papis, como el sábado y el domingo. Por cierto que este sábado pasado me monté por primera vez en un transporte público: el autobús número 4 me llevó al centro, aunque no me dejaron ir en mi lindo cochecito, sino en los brazos de mamá; no sé si me gustó o no, porque yo iba dormido, pero, oye, no deja de ser un hito a tener en cuenta.
Y ya que estamos, pisé (es un decir, claro: aún soy muy chico para pisar nada) por primera vez calle Larios. Mucho sol y pocos baches, de lo demás apenas me enteré (es lo que tiene la mimiura, que una vez que te entra cuesta mucho salirse).
¿Qué más? Pues que estos desconsiderados que me han tocado por padres han dejado de darme bibes, y me tienen sólamente a base de teta, que me estoy quedando bizco de tanto mirar pezones. Yo, claro, ante tamaño boicot, he decidido vengarme con lloriqueos, penosidades y reclamando atenciones que les impidan siestas y mimiuras profundas, aunque papá-nasal escabulle el bulto y se va a mimir al sofá, debajo de la lámpara que no me gusta. Carota...
Ya peso 5'920 kilos y mido 59 centímetros, que no sé si es mucho ni poco, pero la bañera donde estos desconsiderados me meten cada noche me aprieta ya por las costuras, y mira que les lío siempre un show de lloriqueos profundos, pero nada, no se dan por enterados y me siguen metiendo allí todos los días, cuando yo lo que quiero es ducharme, como mamá, si es posible con gorro de ducha.
¡Y si fuera eso todo...! Como les guste una ropita, me la siguen poniendo aunque me quede más apretada que las tetas de mamá después de cinco horas sin darme de comer. Y encima, ¡mamá se ríe! Claro que, para vengarme, después le araño, que tiene el escote que parece un mapa de carreteras. Pues que me trate con consideración, ome ya...
Bueno, pues me voy, que me cuesta mucho darle a las teclas con estos dedorros. ¡Qué rollo ser chico, a ver si crezco...!